Cuando hablamos de autolesiones, es muy importante siempre abordar el tema desde el respeto, la empatía y la comprensión. Son unas realidades complejas que no pueden reducirse a explicaciones simples ni a juicios apresurados; no podemos interpretar que son conductas aisladas o “intentos de llamar la atención”, las autolesiones y las conductas suicidas son expresiones y signos de un sufrimiento severo, que en muchos casos, se vive en silencio, con la necesidad de ser escuchado y acompañado, pero que en muchos casos no solicitan ayuda de manera explícita por diferentes motivos como miedo, vergüenza…
Es por ello, que resulta fundamental comprender estas conductas que inscriben en un entramado de factores emocionales, psicológicos, sociales, familiares o culturales desde una perspectiva integral. Solo a partir de esta mirada amplia es posible desarrollar unas intervenciones eficaces y verdaderamente preventivas.
¿Qué son las autolesiones?
Las autolesiones se refieren a conductas en las que una persona se provoca daño físico de manera intencional, a través de cortes, quemaduras, golpes, pellizcos, la interferencia reiterada en la cicatrización de las heridas o ingesta de objetos, entre otros.
Durante la adolescencia este tipo de conductas puede aparecer como una estrategia para afrontar situaciones vividas, emociones intensas, confusas o que no saben como regularlas. Para muchos/as, las autolesiones cumplen la función de aliviar de forma temporal el dolor emocional, los pensamientos, la ansiedad y recuperar esa sensación de control sobre su cuerpo. Es por ello, que consideramos que esas heridas físicas son el el símbolo de un dolor interno mucho más profundo.

Desde esta comprensión, resulta fundamental saber que las autolesiones no implican necesariamente una intención suicida, pero si abundantes factores de riesgo: infecciones, retrasos en la cicatrización de la piel, debilitamiento, pérdida de la sensibilidad, lesiones en tejidos profundos, complicaciones médicas, desarrollo de enfermedades y lo más importante, a medida que pasa el tipo hay una normalización del dolor, provocando que aumente el riesgo de lesiones más graves ya que la persona no es consciente de la gravedad de estas. Cuando el sufrimiento emocional se mantiene en el tiempo, la persona al agotar las estrategias para afrontar su situación y no encontrar alternativas, empiezan a aparecer pensamientos relacionados con el deseo de dejar de sufrir para siempre.
¿Qué es el suicidio?
El suicidio, al igual que las autolesiones no es un acto impulsivo aislado, sino el resultado de un proceso complejo y multifactorial (en el que influyen factores emocionales, psicológicos, sociales y contextuales). Durante la adolescencia, este proceso se puede ver intensificado por los cambios de esta etapa: construcción de identidad, necesidad de pertenencia, miedo al rechazo, dificultades para regular las emociones o la sensación de no ser comprendidos.
Señales de aviso:
- Hablar del fallecimiento o el deseo de fallecer.
- Planear el acto, investigación en línea, acumulación de medicamentos.
- Observar que suele sentir mucha culpa o vergüenza.
- Habla de ser una carga para los demás.
- Muestra cambios de humor extremos y repentinos.
- Regalar o deshacerse de sus posesiones más importantes.
- Despedirse de amigos o familiares.
¿Cómo prevenir el suicidio?
La prevención del suicidio, al igual que con las autolesiones, requiere de una mirada integral y una atención temprana para tener menos consecuencias. Por ello, el factor fundamental es la construcción de entornos protectores que favorezcan al bienestar emocional y la detección del malestar, así podemos observar algunas de las siguientes estrategias para prevenir esta situación:
- Crear espacios seguros.
- Escuchar de forma activa, validar su malestar y no minimizar su situación.
- Fomentar entre adolescentes las competencias socioemocionales.
- Saber identificar señales de alerta y los cambios significativos en el comportamiento.
- Acompañamiento de familias y el entorno educativo en el proceso.
- Trabajar de manera coordinada entre los distintos ámbitos (familiar, educativo, sanitario y social).
- Incluir programas de concienciación en centros educativos.
Un punto importante es que la prevención del suicidio no significa tener todas las respuestas, sino estar presentes, mirar con atención, escuchar con sensibilidad y actuar a tiempo. Lo más importante y significativo es el acompañamiento respetuoso y la intervención adecuada pueden marcar una diferencia significativa en la vida de los y las adolescentes.

¿Cómo formarte en el Abordaje Integral de las Autolesiones y Prevención del Suicidio en adolescentes?
Para abordar de forma adecuada las autolesiones y la prevención del suicidio en adolescentes, es clave contar con una formación especializada que permita comprender el sufrimiento adolescente y actuar de manera responsable y preventiva.
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